Tiempo de quimeras

Con el verano llega un nuevo tiempo de quimeras. Sueñan los niños con castillos de arena y barcos de piratas tuertos y cojizambos, la juventud sueña consigo misma las mil y una noches de amor, y los que ya vamos teniendo una edad intentamos revivir viejas ilusiones que los años han convertido en viento y aspas de molino.

Ahí están el sol lujuriante y la brisa de la mañana, entrando por las ventanas abiertas con la frescura de un duende irlandés que se hubiera colado de vacaciones en nuestra casa. Ahí están los caminos abiertos para quien quiera y pueda recorrerlos, la expectativa de conocer otras gentes y otras tierras. Y viceversa, abiertas están las puertas para recibir al viajero, al emigrante que regresa en la alfombra voladora de julio o agosto.

Mural de Rep en Alcalá de Henares
Foto: Jacinta Lluch Valero (CC BY-SA 2.0)

Esta época del año tiene su propia poesía y su literatura: es el tiempo que todo el mundo elige, o dice elegir, para leer, al amparo de un tiempo libre siempre escaso el resto del año. Así que habrá que convenir que es el tiempo del lector por antonomasia. Lean, pues. Serán más felices. Incluso contribuirán al sustento de los menesterosos que escriben, que no pueden evitar su persistente y singular quimera en ninguna época del año.

Ahora bien, discúlpenme que no les recomiende ningún libro. Sean libres y elijan de acuerdo con su particular criterio. Hagan de su elección una quimera placentera y, cuando terminen, no se olviden de repetir. El verano es el momento.

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