El talento del escritor, según Proust

Proust
Foto: Philippe Roos (CC BY-SA 2.0)

“Somos muy tardos en reconocer en la fisonomía particular de un escritor ese modelo que en nuestro museo de ideas generales lleva el letrero de «mucho talento». Precisamente porque esa fisonomía nos es nueva, no la encontramos parecido con lo que llamamos talento. Preferimos hablar de originalidad, gracia, delicadeza, fuerza, hasta que llega un día en que nos damos cuenta de que todo eso es cabalmente el talento”.

Marcel Proust. Por el camino de Swann.

Llama la atención que éste párrafo del autor francés acabara convirtiéndose en profético respecto a su propia gran obra, En busca del tiempo perdido, cuyo primer volúmen, Por el camino de Swann, tuvo que publicar pagando la edición de su propio bolsillo al joven editor Bernard Grasset, tras el rechazo de la editorial Fasquelle y de las ediciones de la Nouvelle Revue Française.

Su asistenta personal, Celeste Albaret, escribió al respecto:

“Según el contrato que se firmó a principios de 1913, mosieur Proust pagaba la edición de su libro, tal como había previsto desde el principio, consciente de la dificultad que entrañaba el carácter novedoso de su obra. Además, cuando deseaba algo, el dinero no contaba: y nunca escribió con afán de lucro.
Al poco tiempo de su publicación, Por la parte de Swann dio tanto que hablar que en la Nouvelle Revue Française se armó un revuelo. Jacques Rivière, el director de la revista propiamente dicha, la NRF, se enfureció por el rechazo de André Gide, y desde principios de 1914 Gallimard y los otros iniciaron gestiones para intentar enmendar su error.
Y fue entonces cuando monsieur Proust comenzo a divertirse”.

Celeste Albaret. Monsieur Proust.

Antoine Bibesco, amigo de Proust, fue a ver a André Gide a su despacho para preguntar por qué no publicaba el manuscrito en las ediciones de la NRF. Según relata Albaret, Gide le contestó que “nuestra editorial publica obras serias. Está fuera de discusión que se edite algo como esto, mera literatura de un dandy mundano”.

Supongo que la fama de un autor, y de una editorial, se cimenta no sólo en sus aciertos sino también en sus fracasos. La metedura de pata del editor Gaston Gallimard, que a partir de la NRF creo una de las editoriales más famosas del mundo, y de su empleado, el escritor André Gide, que acudió a disculparse personalmente a casa de Proust, forman parte de la historia de la literatura. Claro que detrás de un rechazo tan sonoro está uno de los libros más hermosos que se han escrito nunca.

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