A veces falla lo obvio

relato
Foto: Louise McLaren (CC BY 2.0)

Luisa cuelga el teléfono. Acaba de hablar con su madre. La anciana llama cuando se siente sola y habla por los codos. Cuando supo quien era le dijo «espera un momento, mamá» y fue a apagar el fuego que tenía encendido en la cocina para atender la conversación sin sobresaltos. Ahora que ha terminado de hablar cuelga. Cuelga sin mirar, como ha hecho tantas veces desde que tiene uso de razón. Aún recuerda el teléfono clavado en la pared del pasillo como un cuadro. Tenía que levantar el cuello para observar aquel aparato que sonaba con la urgencia escandalosa de las ambulancias. Ella era entonces una niña y no alcanzaba con sus bracitos el auricular. En la casa de sus padres no había nadie demasiado alto, pero ella era aún demasiado pequeña. Con el uso, aquel aparato se convirtió en una marca de progreso, la señal que le iba indicando que se hacía mayor. Sus hijos nunca llegaron a ver ese horizonte imaginario, siempre tuvieron el teléfono al alcance de la mano, encima de la mesa. A veces se pregunta dónde encontrarían ahora los niños esa perspectiva. En su infancia el teléfono fue un nuevo centro de gravedad para la familia, como antes lo había sido la radio. Todos gravitaban alrededor de aquel aparato hasta hacía poco inalcanzable para la economía familiar, aunque mamá aún se acercaba al transistor para escuchar el ángelus en Radio Nacional y papá para escuchar el parte. Oír y callar. Para ella, en cambio, el teléfono le permitía no sólo oír, sino también hablar, conversar con sus amigas, intercambiar opiniones con otros. Pero eso vendría después. Antes tuvo que crecer para poder marcar los números en esa rueda que giraba impulsada por el dedo índice y volvía sola a su posición de origen. Y recordaba con nitidez la risa tonta que le provocaba el artilugio cuando quedaba mal colgado, sostenido en el aire por un grueso cable verde, el elástico estirándose y encogiéndose como un juguete de muelle y en su extremo el auricular rebotando contra el papel pintado de la pared. Efectos de la gravedad. Ahora, si se queda el teléfono descolgado, ni te das cuenta. Seguir leyendo.

La revista digital CaoCultura me publicó este relato en junio. Pueden leerlo completo si clican en el enlace.

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4 comentarios en “A veces falla lo obvio

  1. Conocía tu relato, Santiago. Lo encontré precisamente buscando trabajos tuyos. Me dejó un excelente sabor de boca, que ahora he renovado. Gracias por compartirlo, ha sido un placer. Un saludo.

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