Junio

Imagen del cuadro de Alfred Sisley mañana de junio en San Mammes
Alfred Sisley: Mañana de junio en San Mammes

Junio tiene cierta cualidad onírica. Se alargan los días: en la radio dicen buenas noches, en el informativo de las nueve, cuando aún todo es luz. Y al caer de verdad la noche, la noche del sur, queda un rastro azulado en el horizonte, el rescoldo de una invitación a vivir no del todo correspondida.

Se podrían reconocer los meses por el oído. Borges lo habría hecho, sabría describir de oidas el ave de cada estación, el rumor del aire que agita las cortinas blancas, el ronco estertor del mar en diciembre. En junio, en cambio, el mar recuerda a la escobilla del baterista de jazz, una constante sucesión de granos de arena que se dispersa suavemente sobre la superficie pulimentada de las piedras.

Y parece que se repiten los mismos ritos del final de año, el afán por dejar cerrados ciertos asuntos y pasar página, acabar el curso, en definitiva, abrir un tiempo para el reposo y la meditación tratando de adivinar, como Borges, si la brisa viene del Este o del Oeste, si trae a cuestas granos de sal o aromas de espliego.

El placer del momento no está, sin embargo, en el cambio, sino en la sucesión pausada de las horas, en la quietud somnolienta de los últimos días de la primavera, en su olor aún nuevo de fruta fresca, listo para arder en las hogueras tribales del verano.

3 comentarios en “Junio

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