Poemas que nadie leyó

Ella escribe poesía con los ojos cerrados. Mientras duerme, cada palabra, cada verso, surge en su mente limpia y luminosa, creando poemas que le parecen perfectos. Como nunca se depierta para anotarlos, al cabo de unos minutos las palabras, los versos, se van disolviendo, el poema desaparece. Como un ave que pasa de largo.

Intenta reescribirlo de nuevo, pero ya no está. Y así sucede su poesía, en el territorio oculto de los baúles de la mente, escondidos bajo un velo de silencio.

Cuando no aparecen nuevos versos se pregunta en qué parte del olvido se almacenan los poemas que nunca nadie leyó, salvo las poetas que los imaginaron y guardaron para sí, tal vez por egoismo, tal vez por pereza o miedo, o por el simple placer de disfrutar un poema efímero como un ligero viento de septiembre.

No importa de dónde vinieron, pero ¿A dónde van los poemas que nadie leyó? Si despertara, tal vez lo averiguaría. Tal vez, como ella, quedaron suspendidos delante de una coma, viendo la última palabra imaginada y luego ¿el vacío o la espera?. Los médicos piensan que no despertará, pero nadie sabe aún dónde van esos poemas.

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