Desde un mar en calma

Recuerdo una entrevista que hicieron al escritor británico Ian McEwan en la que decía que amaba y odiaba escribir, que había días en los que era una delicia ponerse ante la máquina y otros un castigo divino. Es la carga que tiene que soportar un escritor profesional, tiene que escribir todos los días, le apetezca o no, tenga la mente despejada o nublada, tenga buenas ideas o se haya despertado obtuso como un corcho.

En todo caso, y con independencia del carácter crematístico de la literatura, sí es cierto que la actividad creativa tiene esa capacidad de sumergirnos en un mundo ajeno a nuestra realidad inmediata y del que surge una obra, mejor o peor, que a veces es capaz de hacer que otros se sumerjan también en ese mundo y lo hagan desde su propia nave, es decir, desde su conocimiento del mundo. El arte siempre es creación de dos, del autor y del espectador-lector, es creación compartida.

Esta última característica, la de compartir la obra que resulta de la actividad creativa, es una de las que diferencian la creación artística de otras realizaciones humanas. Es indudable que un fontanero, o un camarero, o un ebanista en plena actividad están bastante ausentes de su realidad inmediata, concentrando todo su conocimiento y atención en una tubería de plomo, en la preparación de un cóctel o puliendo una pieza de madera; para ellos no existe en ese momento otra cosa en el mundo que el tubo averiado, la aspereza de la madera o los ingredientes de la bebida. (Y aquí podríamos empezar a discutir si todas las actividades que realiza el ser humano pueden alcanzar la categoría de arte, pero no quiero alargarme).

Imagen del cuadro El poeta pobre de Carl Spitzweg
El poeta pobre de Carl Spitzweg

Ya sea una actividad artística o no, durante un tiempo indefinido, a veces horas, su mente se funde casi completamente con el medio. Algunos lo llaman vocación, otros pasión, en todo caso sí hay una “sintonía con tus deseos o anhelos y con tu propia naturaleza” como acertadamente escribe Olga Rubal en su blog. (Como el comentario me salía demasiado largo, he preferido hacerlo directamente desde aquí y compartirlo también con los lectores de este sitio).

Hubo un tiempo en el que escribí con intención de publicar y ganar dinero con ello y la experiencia fue un fracaso. No solo no lo conseguí, sino que la mayoría de los días que me sentaba ante la máquina me sentía incómodo, me acosaban ideas sobre qué le gustaría al lector o qué le gustaría a la editorial que se mezclaban con la idea que yo tenía de qué me gustaría crear a mí. Llegué a dudar si realmente me gustaba escribir.

Han pasado algunos años y fracasar en mi empeño me ha hecho más libre: no tengo ninguna obligación con ninguna editorial ni con ningún tipo de lector específico. Escribo lo que me apetece, cuando me apetece y lo publico aquí; quien quiera puede leerlo y no cobro por dar a conocer lo que escribo. Me gusta escribir y lo hago con la regularidad que me permiten mis obligaciones, a veces intensamente y otras con la demora de un barco en un mar en calma.

Para ser un comentario al escrito de otra autora se me ha ido el párrafo fuera de límites, así que aquí lo dejo, abierto a que expresen ustedes sus propias opiniones.

P.S. 2: No estoy seguro de si la que sigue es la entrevista a la que me refiero al comienzo de la entrada, he visto varias al autor británico, pero si les apetece oírle, aquí les dejo el enlace.

4 comentarios en “Desde un mar en calma

  1. Hola, Santiago: no imaginas la emoción que me ha producido que una entrada mía haya provocado otra entrada en un sitio que sigo con atención porque realmente me gusta. La palabra escrita tiene algo de solemne muchas veces, con lo cual incluso este comentario mío no reproduce exactamente la emoción que me ha producido leer tu extenso, pero fantástico comentario (y aquí cierro el círculo que he iniciado). Se me ocurren muchas cosas a raíz de tu entrada y a raíz de lo que creo que ha provocado en otras personas que sé que lo han leído y me han dejado su trocito de parecer. Sin embargo, como dices tú, se hace extenso como para incluir en un comentario. Hay tres cosas que sí podrían caber y son las siguientes: De todos los oficios «astísticos» o «artesanos» creo que la escritura es la más jorobada y frustrante de todas, de ahí que al final no sintamos derrotados y nos haga tomar determinadas actitudes para sobrevivir, puesto que a pesar de todo la escritura sigue muy cosida a nuestra esencia por ser herramienta de comunicación. La segunda cosa que me gustaría expresar es el deseo de que exista un ágora construida en torno a esta ocupación o preocupación, donde las personas aquejadas de este «mal» o esta «bondad» puedan expresarse tal cual al respecto (acallando egos si eso es posible). La tercera cosa que quiero añadir, por último, es que debo gran reconocimiento a esta entrada tuya porque realmente representa la esencia de un espacio como este de WP: el diálogo y el intercambio. por más que disfruto de las publicaciones, es algo que echo de menos. Me has hecho un regalo. Muchas gracias 🙂

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