Todo era gris

“Todo era gris y estaba fatigado
igual que el iris de una perla enferma”
Luis Cernuda

I

Observa la casa de piedra, espejo del cielo de Londres
su chimenea esparce un humo lento, restos de ceniza
oscura como la sangre de aquel año, y dentro la tristeza
solitaria en su trampa de pizarras, la extrañeza de sus muros
acuna la sospecha de lo irreversible, siempre duele el destierro,
su desprecio que levanta fronteras, y tu cicatriz insobornable,
tus versos esparcidos sobre el papel como hielo seco o tinta
aterida por la ausencia, aliento de las flores heladas del norte.

II

¿Cómo no combatir con silencio, con palabras calladas,
tanta agria soledad, sucias las calles de nieve, el latigazo
de la ventisca, al pensar que cuando llegue la primavera
no lo será para ti? ¿Cómo pudiste recordar la esquina lejana
blanca de cal y salitres, sin doler que el sur no es un lugar
sino un breve instante de amor inesperado? Nunca se ve
el porvenir escondido tras los días, si tal vez la muerte,
si tendrás de nuevo manzanas cuando llegue el otoño.

III

Un hombre. Silencioso. Cerca de mí. Atravesando los años
como la estela de un cometa traspasa el espacio celeste
y deja caer una fina lluvia desde nubes plateadas, brillantes,
un aliento húmedo en el espejo donde aparece tu nombre
y el nombre de España. Hoy dibujo palabras con el dedo
sobre el cristal y miro afuera con melancolía, recuerdo
el aire lustral de tu verso frío, su agua limpia, el perenne
flujo de la bruma siempre callada, su silencio desterrado.

 

 

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Recuerdos

Childe_Hassam_-_Woodchopper_-_Google_Art_Project
Childe Hassam – Woodchopper – Google_Art_Project

Desea proteger los recuerdos, su más querida posesión; la sucesion de imágenes, palabras y hechos que vienen a dar sentido a una vida. Pero cuando un resorte del presente le lleva allí, siente la aguda punzada causada por el dolor de lo perdido, de lo ya acabado, de lo irrepetible.

El leñador de Childe Hassam mira el árbol astillado. El otoño amarillo y gris le acompaña. Un respiro en el trabajo, un momento para la reflexión. Tras el siguiente tajo sus pensamientos se convertirán en una capa más de ceniza sobrepuesta a las sucesivas capas de sedimento gris de cada invierno, de cada árbol, de cada imagen del pasado.

La vida es un bosque plagado de recuerdos que aún no son.

Lobotomía

Olvidé la voz de los amigos.
Olvidé sus historias y sus poemas.
Olvidé su mano tendida, su abrazo.
Olvidé el orden cálido de la palabra.
Olvidé cómo el verso se hizo sangre.
Olvidé tu rostro, el sabor de tu piel.
Olvidé el color azul.
Olvidé el mar puro sin metáfora.
Olvidé el amor de mi madre
y el de mis hermanos.
Olvidé a mi padre antes que a nadie,
incluso antes que el Alzheimer
le olvidara de mí.
Olvidé la risa de mis hijos
y ya apenas me conocen.
Olvidé la tierra baldía y su mapa,
el camino de regreso.

Este atisbo de poema
lo ha escrito otro.
Perdonad que no sepa
quién es, si siempre fui él
errando en mi interior.

En el desierto

desierto
Foto: HypnoArt/Pixabay (CC0 Public domain)

En el desierto
ví una criatura, desnuda, bestial,
que arrodillada sobre la tierra
sostenía en las manos su corazón
y comía de él.
Le dije, “¿es bueno, amigo?”
“Es amargo-amargo,” contestó;

“Pero me gusta
Porque es amargo,
Y porque es mi corazón.”

Stephen Crane. The Black Riders and Other Lines (1895)


In the desert
I saw a creature, naked, bestial,
Who, squatting upon the ground,
Held his heart in his hands,
And ate of it.
I said, “Is it good, friend?”
“It is bitter—bitter,” he answered;

“But I like it
“Because it is bitter,
“And because it is my heart.”

Stephen Crane. The Black Riders and Other Lines (1895)


Stephen Crane fue un escritor norteamericano que vivió entre 1871 y 1900. Su obra más conocida es La roja insignia del valor, acerca de la guerra civil norteamericana.

Este poema, que pertenece al dominio público, ha sido difundido por la Academia de Poetas Americanos.

La traducción al español es mía.

Sequía

cactus
Foto: Pexels (CC Public domain)

En el patio
la mañana
se alza entre voces
de vecinos invisibles
El miedo se despereza
como un tigre blanco acecha
en la nieve que rodea las macetas
Los cactus crecen mimosos y verdes
sus dedos implacables señalan el cielo
Te asomas a la ventana y miras
la luz de agosto y a Faulkner
repicar en el alfeizar
sus campanas de misa
invocando la procesión laica del deseo
reseco de barro en las macetas
atorado en la nuca de tus ojos
esperando el silencio de la lluvia