Repensar Guernica

A finales de los ochenta, recién aterrizado en Madrid para estudiar periodismo, la familia que me acogió entonces me insistió, picando mi curiosidad, en que lo primero que tenía que ver en la capital de España era el Guernica de Pablo Picasso.
El cuadro estaba entonces expuesto en el Casón del Buen Retiro, un edificio anexo al Museo del Prado. Si no recuerdo mal, ya no estaba vigilado por un agente de la guardia civil apostado con una ametralladora en pie delante de una mampara blindada que protegía el cuadro de posibles vándalos.
Es una imagen icónica, la del guardia y la mampara, que se entrecruza con los recuerdos de aquel momento. La mampara aún estaba, eso es verdad. Mi bagaje de pensamiento político y mis conocimientos de historia eran por entonces más bien escasos, así que no voy a mentir tirándome aquí el pego de decir que salí impresionado tras ver la obra del pintor malagueño.
No. Al contrario, la sensación que recuerdo es de cierta indiferencia, propia de mi ignorancia y de mi falta de sensibilidad ante lo que estaba contemplando.

Video introductorio del proyecto Repensar Guernica.

Con el paso de los años, conforme fui conociendo el origen y destino de la pintura y conforme me interesaba con más detalle por la historia contemporánea de España, aprendí a comprender el verdadero significado y alcance de esta obra maestra de la historia del arte.
Ahora el cuadro, pintado en defensa de la Segunda República, está expuesto en el Museo de Arte Reina Sofía —otro de los lugares que me gustaba visitar de tanto en tanto— y su carga simbólica de entonces, reiniciada la democracia en España, se ajusta ahora más a su contexto histórico, sin que por ello se rebaje un ápice su potencia para denunciar las atrocidades del fascismo.
El Reina Sofía ha reunido en los últimos años más de dos mil documentos acerca de la gestación y la historia del cuadro y los ha digitalizado para su contemplación online en un grado de detalle impresionante.
Toda esta información está disponible ahora en el sitio web Repensar Guernica, un titulo que invita a reflexionar y a proponer, a emocionarse y a asumir como algo propio esta genialidad de un artista tan español como universal.

El arte es largo

Sabe esperar, aguarda que la marea fluya
—así en la costa un barco— sin que al partir te inquiete.
Todo el que aguarda sabe que la victoria es suya;
porque la vida es larga y el arte es un juguete.
Y si la vida es corta
y no llega la mar a tu galera,
aguarda sin partir y siempre espera,
que el arte es largo y, además, no importa.

Antonio Machado. Proverbios y cantares.
La obra de Antonio Machado pertenece al dominio público.

Pintura: El bardo negro de Jean-Léon Gérôme

Un arabesco

Este ¿vídeo? mezcla el Arabesque nº1 de Claude Debussy, una hermosísima pieza musical, con un no menos hermoso conjunto de obras de arte que tienen como tema central la playa. Una forma relajada de olvidarse del calor durante unos pocos minutos. Espero que les guste.

Hice este divertimento para mi otro sitio web, primerborrador.es, que este mes ha cumplido su primer año de andadura en la red y que les invito a visitar, si no lo conocen ya. Es un sitio más periodístico que literario, pero está enfocado plenamente en asuntos culturales. No tiene anuncios ni tampoco ánimo de lucro.
Buen fin de semana. 😎

Imagen del sueño y el cuadro

El sueño se comió al cuadro

Y el sueño, poco a poco, se fue comiendo el cuadro.
Girándolo.
Jugándolo a ser piruleta.
Difuminando el dibujo en las fronteras del papel.
Intentando recordar la imagen perdida,
nunca recobrada, el pliegue del tiempo
donde se esconden tus ojos
justo aquí, sentada en la arena, y a lo lejos
esos puntos diminutos en la distancia del agua
seres que se alejan poco a poco
como los segundos en un viejo reloj.

(Varengeville beach / Pierre-Auguste Renoir)

Imagen de La primavera de Botticelli

Gregory Corso y la primavera

El poeta estadounidense Gregory Corso incluyó en su libro Gasolina un poema titulado La primavera de Botticelli, dedicado al cuadro que reproduzco en esta entrada. Esta primavera de 2022 he dejado el libro en la mesa donde escribo y de vez en cuando abro el ejemplar y lo releo. Invariablemente me provoca una chispa de alegría.
Por estos 21 versos circulan grandes nombres del Renacimiento italiano como Lorenzo de Medici, Ludovico Ariosto, Miguel Angel, Dante, Leonardo, Rafael o Pietro Aretino, todos ellos aún aletargados por el viento del invierno (Céfiro, la primera figura que se ve a la derecha del cuadro, donde aparece atraído por la ninfa Cloris).
Me gusta imaginar —es mucho imaginar, claro— que existe una equivalencia entre los personajes del cuadro y los que aparecen en el poema: las seis mujeres que ocupan el centro de la escena serían los seis artistas citados (tres pintores: Leonardo, Miguel Angel, Rafael y tres escritores; Ariosto, Dante y el Aretino).
Lorenzo de Medici, el mecenas que protegió a los tres pintores y que leyó a los tres autores citados, sería Mercurio, representado a la izquierda del cuadro. En la mitología romana Mercurio era el dios del comercio, la elocuencia, los mensajes, la comunicación, los viajeros, las fronteras, la suerte, las artimañas y los ladrones.
Botticelli, según mi imaginación del poema de Corso, sería el propio Céfiro, el viento del invierno que sedujo a Cloris, madre de la Primavera. Botticelli es el padre del cuadro que protagoniza el poema de Corso.
Y Cúpido, el dios que les inspira a todos ellos.
Casualidades, más bien.
El poeta estadounidense —su madre era italiana y su padre hijo de emigrantes italianos—, otorga a este cuadro toda la capacidad regeneradora de la misma primavera, impregnando sutilmente de un poder inmenso una obra de arte. Y a la vez sitúa a Botticelli como el artista más destacado del Renacimiento italiano.
La sensación al leerlo es de alegría, utópica tal vez, pero no deja de ser alegría.

Nota: El ejemplar que releo para achisparme lo publicó Huacanamo en 2010, una edición bilingüe con traducción al español del poeta Roger Wolfe.