La realidad y su copia

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Joan Ferrer Miró – Public Exhibition of a picture / Google art project

Recuerdo haber visto en la realidad una imagen parecida a ésta. Era el interior de un gran centro comercial y un nutrido grupo de personas se agolpaba alrededor de una enorme pantalla de televisión en la que se sucedían las imágenes de algún evento o del estreno de una película. Mientras, los clientes pasaban por las galerías como si pasearan por una céntrica calle de la ciudad. Pero no era una calle, era un centro comercial.

Es más, también recuerdo haber visto una imagen más parecida aún a la del cuadro. Ésta vez era yo quien miraba una gran pantalla de televisión: emitían un informativo; la noticia, una exposición de arte; la imagen, un nutrido grupo de personas agolpándose alrededor de un famoso cuadro disparando sus máquinas fotográficas para poder reproducir, en cualquier momento y lugar, la imagen única.

Lo que yo veía desde fuera, en aquel televisor, no era en directo, eran imágenes grabadas por la cadena de televisión, imágenes de una exposición, de un cuadro en concreto que era a su vez observado por muchos y fotografiado por muchos.

Han pasado más de cien años desde que Joan Ferrer Miró pintara esta escena. De algún modo, se adelantaba al futuro: la realidad convertida en representación de la representación de la representación y así hasta dónde las posibilidades técnicas permitan llegar, alejándonos siempre un poco más del original.

La realidad se convierte entonces en un copia fantasmal e inquietante: algo parecido a lo que sucede en un ascensor en el que se enfrentan espejos en tres de sus cuatro lados, la multiplicación infinita de lo real en la nada.

Temporada de baños

No soy capaz de imaginar a un romano tirándose de cabeza en la piscina de unos baños públicos. Alguno habría, no lo niego, pero para mí la antigüedad imaginada tiene otra velocidad, como si viera sus escenas cotidianas a cámara lenta. Puede ser que haya un poso de elegancia en esos pasitos remolones entrando poco a poco en la piscina, una estética de peplum siestero en la que no existe el apremio. La conciencia de la paz a flor de piel.

Baños
Imagen: California Historial Society / Sin restricciones conocidas por derechos de autor

Son realmente subyugantes los anuncios que están pasando estos días por televisión sobre el comienzo de la temporada de verano. En todos ellos se quiere transmitir esa sensación de paz que todos asociamos al descanso. En todos aparecen desiertas las playas: no hay nadie bañándose, nadie paseando por la orilla, nadie tomando el sol, nadie jugando a la pelota, tan sólo una mujer en bikini poniendo caritas extrañas y poses de diva. Lo único auténtico es el bikini, bastante más interesante que esos bañadores de cuello vuelto de hace un siglo.

Todo lo demás lo desmiente cualquier tarde de domingo en la playa: miles —sí, incluso decenas de miles— de personas tomando el sol, bañándose, jugando a la pelota, oyendo música, haciendo cola en los chiringuitos…
(Casi) Ninguna playa conduce hoy a la paz de Roma.

Un abrazo invisible

Hay en las necrológicas un inevitable culto a la personalidad. Escribir sobre alguien que ha muerto para recordarnos que esa persona ya no volverá a realizar obras tan destacadas como las que hizo en su momento. ¿Para recordarnos por última vez —a algunos por vez primera— que esas obras están ahí, que siguen vivas? ¿Un libro, por ejemplo, esperando ser abierto? Si no hay obra, el género se queda en eco de sociedad, porque la muerte es también un rito social colectivo. Y muchos prefieren que el rito social se limite a un recuadro enlutado y un obituario en el periódico. Nada más.

Wu_Zhang_-_Birds_and_Fruit_-_Google_Art_Project
Wu Zhang – Birds and fruit – Freer Gallery of Art / Google art project – Public domain

Entiendo que Harper Lee, como ha ocurrido con otros autores muy reconocidos, haya preferido un funeral discreto. Es una intimidad de la que ella no podrá disfrutar pero que se convierte en un deseo cumplido en las personas que más quiso en su vida. Como si dijera «me he ido, sí, pero os regalo este último instante íntimo, como tantos otros que fueron solo nuestros, de nadie más». Un abrazo invisible que entrega el vacío, la ausencia.

Empieza la música, termina la guerra

No deja de ser un lema publicitario un tanto utópico para promocionar un festival internacional de músicos callejeros en Lituania, pero conviene no renunciar a principios tan básicos como el “No a la guerra”.

Imagen de músicos callejeros

La campaña publicitaria ha sido diseñada en Vilnius por los directores creativos idnependientes Deimante Litvinaite y Aiste Jure

Via Ads of the world