Los mágicos cristales del sueño

Desgarrada la nube; el arco iris
brillando ya en el cielo,
y en un fanal de lluvia
y sol el campo envuelto.

Desperté. ¿Quién enturbia
los mágicos cristales de mi sueño?
Mi corazón latía
atónito y disperso.

… ¡El limonar florido,
el cipresal del huerto,
el prado verde, el sol, el agua, el iris…
¡el agua en tus cabellos!…

Y todo en la memoria se perdía
como una pompa de jabón al viento.


Antonio Machado. Poesías completas (1917)

La organización Proyecto Gutenberg es la biblioteca digital más grande y más antigua del mundo. Desde 1971 se dedica a digitalizar libros libres de derechos de autor y los cuelga online a disposición de los lectores, de forma gratuita.

Todos los días cuelgan libros nuevos, en varios idiomas, también en español. Hoy por ejemplo han puesto por vez primera en su web esta edición de Poesías Completas de Antonio Machado. Se trata de una publicación de 1917 de la Residencia de Estudiantes de Madrid, hecha en un año en el que el poeta sevillano, tras la muerte de su primera esposa, trataba de restablecer su vida en Baeza (Jaén).

Este poema me gusta por sí mismo, pero también por la versión que hizo el cantante Hilario Camacho. El verso los mágicos cristales de mi sueño no encajaba del todo con el ritmo de la canción e Hilario lo recortó en un simple mi sueño.

Un verso que quedó atrapado para siempre en la elipsis de mi tiempo.

Imagen del escritor Orhan Pamuk

Gente con otras historias

El escritor y premio nobel Orhan Pamuk publica nueva novela, Las noches de la peste.
Aunque breves, son muy interesantes los comentarios que hizo hace unos días en un encuentro online con medio centenar de periodistas de América y España, sobre todo los referidos al plano literario: por qué ha empleado a una narradora para contar esta historia, la supuesta crítica velada que incluye la novela al fundador de la moderna Turquía, Mustafa Kemal Atatürk —lo que le ha puesto bajo el foco de la Fiscalía— y, sobre todo, ese afán propio por entender al que piensa diferente.
Un botón de muestra, en la publicación digital de Winston Manrique:

Hay que entender a gente que no es como tú, gente con otras historias, otras procedencias, otras etnias. Para mí es tremendamente atractivo el hecho de adentrarme en temas o en situaciones distintas a mí. Seguramente por eso escribo novelas.

Orhan Pamuk: «La capacidad humana radica en la empatía de entender a todo el mundo» – WMagazín

En la foto de cabecera se ve a un Pamuk mucho más joven que ahora. Está tomada en el Foro Fronteras del Pensamiento de Brasil en 2011 (cc by-sa).

Image of Spring by Sulho Sipillä

Beckett y su coliflor llena de gusanos

El biógrafo de Samuel Beckett Anthony Cronin, en un artículo que no recuerdo ahora dónde leí, achacaba los males físicos del autor de Fin de partida a causas psicosomáticas. El escritor irlandés respondió, cuando le preguntaron si alguna vez se deprimía, que claro que sí, «como corresponde a una coliflor llena de gusanos».

Image of Samuel Beckett
Samuel Beckett by Javad Alizadeh (cc by-sa)

No se si la forma de escribir de Beckett se deriva tan solo de causas psicosomáticas o el contexto de la época que le tocó vivir influyó de algún modo. Ese estilo áspero y seco sobre el que se despliega una literatura la vez onírica y real es aceite de ricino literario para las almas maltratadas y doloridas que sobrevivieron a la segunda guerra mundial.

Desde el punto de vista puramente estético, Beckett es un buen purgante para la escritura meliflua y artificial. Y es bastante sugerente que en los inicios de su carrera analizase con detalle la literatura de Marcel Proust, muy poco meliflua a pesar de su elegante y refinado estilo, nada que ver con ese papel de estraza que son las páginas de Beckett.

Usando como símil de la escritura un árbol, para escribir como Beckett hay que dejar caer hojas y hojas, que el árbol se vea despojado de ese sustento alegre de la primavera, excesivo en verano, melancólico en otoño. De este modo podremos ver en invierno sus ramas, la belleza más árida de las palabras.

La nada es la etapa final de la descomposisión de lo que está podrido, como se pudren las hojas que caen en otoño, ya inservibles para el árbol, abono para la tierra.

T.S. Eliot unió ambas ideas en un hermoso verso:

¿Cuáles son las raíces que se aferran, qué ramas crecen de ésta pétrea basura?»

Y hacerlo todo pensando que aunque las hojas muertas se pudran y la nieve del invierno traiga el aire limpio de un desierto helado, siempre llegará la primavera.

Imagen de Douglas Adams

Asteroide Douglas Adams

De todos los asteroides que han sido bautizados con el nombre de artistas o personajes de ficción, quizá el 25924 Douglasadams, nombrado en 2001 en honor del escritor británico Douglas Adams sea el más justo, Aunque para opiniones, los colores, claro.

En estos días oscuros en los que vivimos debido a la pandemia y a la invasión rusa de Ucrania, el humor de Adams funciona como bálsamo de fierabrás —tan imaginario como útil puede ser una fantasía— ante el sinsentido de la especie humana.

Su obra más famosa, como saben quienes lo tienen en el altar de su librería, es la Guía del autoestopista galáctico, un monumento al absurdo y al humor negro.

El protagonista, Arthur Dent (que también tiene un asteroide con su nombre), descubre un día que una raza alienígena necesita quitarse de enmedio el planeta tierra porque está en el trazado previsto de una autopista intergaláctica en construcción.

De modo que la tierra desaparece en un periquete para levantar la citada “carretera espacial” y solo se salva Arthur (no será el único terrícola, descubrirán los lectores al avanzar la historia), que a partir de entonces comienza un hilarante periplo de planeta en planeta que le llevará a descubrir la respuesta del sentido último de la vida, el universo y todo lo demás.

Antes de ser novela, la “Guía…” fue una serie radiofónica de la BBC que no tenía muchas pretensiones pero que en 1977 tuvo un éxito fulgurante. Dos años después se publicó como libro. En tres años se habían vendido dos millones de ejemplares de la edición inglesa y cuando se publicó en Estados Unidos vendió 650.000 ejemplares en tan solo seis meses.

Douglas Adams escribió después otras cuatro novelas más con las aventuras de Arthur Dent, que fue también personaje de series de televisión, largometrajes y videojuegos y que tiene su propia jornada literaria, el 25 de mayo o Día de la Toalla, que se celebra desde 2001 en homenaje al autor británico.

Uno de tantos pasajes memorables de la novela es este en el que describe cuáles son los peores poetas de la galaxia de entre las diferentes razas que conviven en las estrellas:

“La poesía vogona ocupa, por supuesto, el tercer lugar entre las peores del Universo. El segundo corresponde a los azgoths de Kria. Mientras su principal poeta, Grunthos el Flatulento, recitaba su poema «Oda a un bultito de masilla verde que me descubrí en el sobaco una mañana de verano», cuatro de sus oyentes murieron de hemorragia interna, y el presidente del Consejo Inhabilitador de las Artes de la Galaxia Media se salvó, perdiendo una pierna en la huida. Se dice que Grunthos quedó «decepcionado» por la acogida que había tenido el poema, y estaba a punto de iniciar la lectura de su poema épico en doce tomos titulado «Mis gorjeos de baño favoritos», cuando su propio intestino grueso, en un desesperado esfuerzo por salvar la vida y la civilización, le saltó derecho al cuello y le estranguló”.

El asteroide Douglas Adams está localizado en el cinturón de asteroides que rodea la tierra y es monitorizado por la Unión Astronómica Internacional desde el Centro de Planetas Menores. Si saben manejar este tipo de datos, pueden seguir la trayectoria del 25924 Douglasadams en este enlace.

Como les decía, no es el único artista o científico que tiene el honor de ser el nombre de un astro. También tienen su trocito de cielo Don Quijote y Don Miguel de Cervantes, por citar referencias españolas. Pueden leer la lista de asteroides literarios, científicos y artísticos aquí.

Y bueno, no se preocupen demasiado por el sentido de la vida, el universo y todo lo demás. Pudo haber sido un simple error informático.