Mojarrillas de tinta azul

La primera persona de renombre a la que entrevisté en mi vida, cuando aún era estudiante de periodismo, fue al escritor gaditano Fernando Quiñones. Me recomendó que lo hiciera el periodista José Antonio López, entonces estudiante también como yo de periodismo. Recuerdo haberme colado en su casa de la Dehesa de la Villa en Madrid aquel 25 de abril de 1989 sin avisar, a traición, a primera hora de la mañana, interrumpiendo con alevosía inesperada lo que hubiera estado haciendo el autor de “La canción del pirata” en aquel momento. Sorprendido ante aquel desconocido jovenzuelo que era yo, al decirle de dónde era y el motivo de aquella visita, me abrió sin reparos las puertas de su casa y pude hacer el reportaje.

Hablamos largo rato de literatura y de Cádiz y al acabar la conversación, antes de marcharme, me regaló un ejemplar de uno de sus libros, una antología de relatos cortos titulada “Nos han dejado solos” que dedicó de puño y letra con un dibujo de su famosa mojarrilla caletera.

Nos han dejado solos

Por encima de cualquier otro detalle me impresionó la hospitalidad y la amabilidad de aquel hombre, reforzada con un espíritu socarrón que provocaba al mismo tiempo la sonrisa y el respeto. Luego, con los años, tuve ocasión de hablar con él varias veces cuando trabajaba como corresponsal de la Agencia EFE en Cádiz. Hablábamos si publicaba algún nuevo libro, cuando llegaba la muestra de cine “Alcances” o por cualquier otra razón relacionada con la literatura o con la ciudad. Siempre me atendió con la amabilidad y hospitalidad de aquella primera vez.

Escribo esto hoy, cuando hubiera cumplido 88 años si no nos hubiera dejado hace ya veinte. Para mí, y supongo que para tanta gente que le conoció, recordarle es sentir al mismo tiempo un tanto de tristeza y otro tanto de alegría. Esa alegría la encuentro a menudo cuando leo sus libros, sus poemas en especial, tan propios y originales, tan diferentes a lo que se escribe ahora y , aún así, tan frescos como recién traídos del mar. Esa alegría, ese optimismo socarrón que transmiten sus libros, eso sí que es el auténtico regalo, esa parte de él que aún nos queda.

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10º aniversario

Hoy hace diez años que empecé a escribir éste blog personal y estoy bastante satisfecho de lo que he aprendido hasta la fecha. Me gusta la plataforma wordpress y la comunidad que trabaja sobre éste soporte.
Anteriormente había publicado con blogspot y por ahí colea aún ese trabajo, en el almacén de páginas olvidadas de internet.
Mi blog actual está fresco como una mañana y yo tan contento de seguir con él como un perro con dos rabos.🙂
Así que, ¡a por mi segunda década!10º Aniversario blog

Un abrazo invisible

Hay en las necrológicas un inevitable culto a la personalidad. Escribir sobre alguien que ha muerto para recordarnos que esa persona ya no volverá a realizar obras tan destacadas como las que hizo en su momento. ¿Para recordarnos por última vez —a algunos por vez primera— que esas obras están ahí, que siguen vivas? ¿Un libro, por ejemplo, esperando ser abierto? Si no hay obra, el género se queda en eco de sociedad, porque la muerte es también un rito social colectivo. Y muchos prefieren que el rito social se limite a un recuadro enlutado y un obituario en el periódico. Nada más.

Wu_Zhang_-_Birds_and_Fruit_-_Google_Art_Project
Wu Zhang – Birds and fruit – Freer Gallery of Art / Google art project – Public domain

Entiendo que Harper Lee, como ha ocurrido con otros autores muy reconocidos, haya preferido un funeral discreto. Es una intimidad de la que ella no podrá disfrutar pero que se convierte en un deseo cumplido en las personas que más quiso en su vida. Como si dijera «me he ido, sí, pero os regalo este último instante íntimo, como tantos otros que fueron solo nuestros, de nadie más». Un abrazo invisible que entrega el vacío, la ausencia.

Alambrada

Camboya 1979
Refugiados. Camboya, 1979. Foto: UN photo/John Isaac (CC BY-NC-ND 2.0)

Rostros estropeados
espinazos rotos
currículos escritos hechos trizas
innecesarios.
Alambrada
Tú escribes sobre el hombre en el campo de concentración
yo sobre el campo de concentración en el hombre
en tu caso las alambradas están en el exterior
en el mío anidan en el interior de cada uno de nosotros.

Ryszard Kapuscinski

Este poema está incluido en el libro Poemas a toda plana —Poesía y periodismo—, seleccionados por Juan José Téllez.

 

El Español, ese periódico de Blanco White

El siguiente artículo se publicó originalmente en este blog en 2010. Lo reproduzco, con algunas variaciones de forma, tras leer hace unos días que el periodista Pedro J. Ramírez lanzará este año un nuevo medio que, curioso, tendrá el mismo nombre que éste del exiliado autor de las Cartas de España.

La próxima primavera se cumplen doscientos años del nacimiento de El Español, el periódico que publicó en Londres el escritor y periodista sevillano (de ascendencia irlandesa) José María Blanco White (Sevilla, 1775; Liverpool, 1841).

José María Blanco White

La publicación se editó mensualmente entre 1810 y 1813 y bimestralmente su último año de existencia, 1814, el mismo año en el que Fernando VII acabó con las Cortes doceañistas y las libertades que propugnó, entre ellas el primer decreto de libertad de imprenta de la historia de España.

Historiadores como José Alvarez Junco y Gregorio de la Fuente han atribuido a éste cuatrienio el nacimiento del periodismo político en España: 279 periódicos se publicaron en la zona regida por los patriotas, frente a los 25 de la zona josefina (el país estaba invadido por las tropas de Napoleón, que enchufó a su hermano José como rey).

Dado el aire de libertad que agitó las imprentas de la época, es llamativo que una publicación como El Español naciera y muriese en Londres. Para un sacerdote como Blanco White, la capital británica era, desde luego, un lugar mucho más apropiado para vivir que la España de entonces, puesto que  defendió libertades públicas a las que se oponía abiertamente la Iglesia Católica española.

Además, el escritor sevillano era persona “non grata” para buena parte de la sociedad de la época, entre ella la gaditana, a la que acusó de defender sus intereses comerciales antes que los intereses de la nación, según relata el historiador Vicente Llorens en su introducción a las Cartas de España.

Sus ideas autonomistas para las ‘provincias’ americanas tampoco le granjearon demasiadas amistades entre el ‘establishment’ nacional.

El Español era, de largo, un periódico de información política tal y cómo ésta se entendía a principios del siglo XIX. Así lo declara su autor desde el primer número, que puede consultarse digitalizado en la Biblioteca Nacional:

Este periódico se publicará una vez al mes, y estará dedicado a tres objetos, que lo dividirán en otras tantas secciones. La una política, en que se trate todo lo que tenga relación con los asuntos del día y especialmente con la causa de España; otra en que se extractarán los papeles públicos nacionales y extrangeros; y otra literaria en que se dé a conocer la literatura española; sin excluir la inglesa según alcancen nuestros conocimientos. Pero como las dos secciones primeras son las más importantes, excluirán a la tercera en algunos números”.

Fue un medio crítico con el texto constitucional que aprobarían en 1812 las Cortes de Cádiz. El constitucionalista Joaquín Varela Suanzes lo resume así:

Blanco White confiesa que a través de éste periódico se había propuesto hallar “un camino medio entre la mal fraguada democracia de las Cortes y la arbitrariedad monárquica del tiempo de Carlos IV”

Y no obstante, participó, con la dificultad impuesta por la distancia —que en 1810 no era la de un click—, en el debate sobre el decreto de libertad de imprenta que se aprobó en noviembre de aquel año.

Blanco White criticó abiertamente desde su periódico este decreto, pues no entendía como ésta libertad iba a estar tutelada por las llamadas Juntas de Censura, elegidas por los parlamentarios en Cortes. Lo cuentan Avarez Junco y De la Fuente:

Para este intelectual emigrado, era un contrasentido que las Cortes designasen los jurados que debían entender sobre los delitos de opinión, pues recortaban de esta manera la libertad de los ciudadanos a la hora de criticar su labor y a ejercer el necesario control sobre los representantes de la nación”.

En cambio proponía que fuese un jurado popular quien decidiese al respecto. Escribió Blanco White en El Español (anotación de la cita anterior):

El poder de la imprenta intérprete de la opinión pública, es el contrapeso del poder de las Cortes, como el de éstas debe serlo del ejecutivo; y tan absurdo es que las Cortes nombren los árbitros de la imprenta, como que el poder ejecutivo, nombrase los individuos del legislativo. El pueblo debiera nombrar estos jueces: el pueblo debiera confirmarlos o mudarlos al cabo de cierto tiempo”.

Fuentes:

  • BLANCO WHITE, José, Cartas de España. Introducción de Vicente Llorens. Traducción y notas de Antonio Garnica. Madrid, Alianza, 1972.
  • ALVAREZ JUNCO, José y DE LA FUENTE MONGE, Gregorio, El nacimiento del periodismo político (La libertad de imprenta en las Cortes de Cádiz 1810-1814). Madrid, APM y otros, 2009.
  • El texto de Varela Suanzes está enlazado desde el Centro de Estudios Políticos y Constitucionales.
  • El retrato de Blanco White lo obtuve de la sección dedicada al autor sevillano en la biblioteca virtual de la Universidad de Liverpool.

Más información: