Un instante en el astillero

Shipwreck
Foto: The return of Helios by Peter Kurdulija (CC BY-NC-ND 2.0)

Se oxidan las palabras pastoriles de antaño entre las ruinas de los viejos buques. Otras vienen a relevarlas, feraces e insolentes. La escritura, como la vida, es peregrina. Nada puede la voluntad contra el movimiento. Nadie, nunca, está quieto, aunque la mirada muestre la gravedad de las piedras. Cierra los ojos y haz girar el mundo, piensa Gabriel mientras camina entre las sombras del astillero, ángel errante sin alma que guardar. ¿Quién dudará del centro del universo?

Todos los libros convertidos en pequeños desiertos. La palabra inmóvil. Diminutos ataúdes llenos de ceniza. Si al menos fueran carne de gusano, abono de futura belleza. La esperanza es una flor que nace de la podredumbre. Poco más ha aprendido el ángel errante. Gabriel hace sombra con su mano sobre los ojos y levanta la cabeza en busca de una nube. Deslumbra el sol de mayo. Viejo condado irlandés. Las arrugas quiebran la piel alrededor de sus ojos. La piel, ese mapa gastado que revela lo que fuiste, lo que aún eres.

Más allá del horizonte hay una línea que señala el territorio de los barcos hundidos. Alrededor de los pecios nadan brillantes peces anaranjados, rojos, azules, plateados. Gabriel los ha visto, los ve ahora. Desde que fue niño ha buceado a pulmón, bien despiertos los ojos. Y sabe cómo hacer que naveguen los barcos. Por eso llora cuando se hunden. Yo he visto sus lágrimas: son pequeñas y tienen forma de pez.

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Tres peniques de ron

Dickens street portrait by Don
Street portrait of Charles Dickens by Don – Photo: Garry Knight (CC BY 2.0)

Es destino de la mayoría de los que se mezclan con el mundo, y que alcanzan al menos la primavera de la vida, llegar a tener muchos auténticos amigos y perderlos por la marcha de la naturaleza. Es destino de todos los autores o cronistas crear amigos imaginarios y perderlos por la marcha del arte. Y no es esto todo, en el alcance de sus desgracias; pues están obligados a presentar además un informe sobre ellos¨

Charles Dickens. Los papeles póstumos del Club Pickwick.

Traducción de José María Valverde

¡Camarero!

¡Tres peniques de ron para brindar a la salud del gran Charles Dickens!

Un amigo inesperado

gorrion
Foto: LubosHouska (CC0 Public domain)

Un gorrión anidó en mi casa. Eligió un sitio peligroso. Intervine y deshice el nido. Seguridad preventiva. Evitar incendios, intoxicaciones. Cada mañana, el gorrión se acerca hasta el lugar donde ya no hay nada. Lo veo posarse. Me pregunto si sabrá, pero no tiene sentido que yo me inquiete por él. Sólo el ser humano se duele de sus esfuerzos imposibles, de sus derrotas inexplicables. ¿Qué se va a preguntar un gorrión a sí mismo? No son necesarias las preguntas. Simplemente conmueve su instinto: Persiste, pese al esfuerzo baldío.

Días después deshice un segundo nido. Noté en mis manos la calidez de las pequeñas ramas, su aroma a tomillo y lavanda. Una de estas frías mañanas que han inaugurado la estación. Miré el amasijo vegetal en el cubo de la basura. No había huevos.

Cada jornada, el gorrión regresa y se posa dónde antes había un nido. Canta inquieto, no se rinde. Da pistas de por qué es invencible la naturaleza. A veces trae largas, finísimas ramas en el pico. En tardes de sol encuentro pequeñas hojas verdes en el patio. Pero no puedo ceder, sé que el gorrión morirá si instala aquí su nido. Y así andamos, él y yo, como dos viejos amigos, entreteniéndonos la primavera.

Refugio

The dead tree
Foto: Parham Mortazavlan (CC by-nc-nd 2.0)

Pienso en los refugiados, en la miseria, en la indiferencia, en la dictadura económica, en los Estados y sus gobiernos, en toda esa gente que cree estar viva…

Y recuerdo los versos del poeta:

“The dead tree gives no shelter”

“El árbol muerto no da cobijo”

T.S.Eliot – The waste land / La tierra baldía

Lost

Mist by Colin Knowles
Foto: Colin Knowles (CC BY-SA 2.0)

Lost

Desolate and lone
All night long on the lake
Where fog trails and mist creeps,
The whistle of a boat
Calls and cries unendingly,
Like some lost child
In tears and trouble
Hunting the harbor’s breast
And the harbor’s eyes.

Carl Sandburg. Chicago poems (1916) (Public domain)
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Perdido

Desolada y solitaria
Toda una larga noche en el lago
Donde la rana yerra y la neblina repta,
La sirena de un barco
Llama y llora sin descanso
Como una criatura perdida
En lágrimas y tristeza
Añora
El abrigo del puerto
Los ojos del puerto.

Carl Sandburg. Poemas de Chicago (1916) (La traducción al castellano es mía)

Si quieren saber más del poeta norteamericano, encontré éste poema aquí.

If you would like to know anymore about the american poet, please click on the previous link.