Imagen de una isla desierta

El eco de un naufragio

Siempre había soñado tumbarme al sol en una playa desierta, bajo el latir de los cocoteros.
He descubierto las zonas de sombra de mi sueño.
Ahora paseo por la orilla, entre la brisa y la sombra.
Libre, solitario y en paz.

Antes de introducir el mensaje en la botella, lo miró unos segundos y añadió:

P.S: No vengan a buscarme.

Image of New York City harbour and skyline at night

Desde Brooklyn

Punteando la orilla
una negra red de ramas
enreda las burdas lámparas cobrizas.
El cielo se diluye en un sol púrpura.
Manhattan, más allá del río, parece flotar—
pálidos jardines de fuego—
Invisible, a través de la niebla,
se abalanza sobre mí
Un huracán de rostros.


Evelyn Scott. Precipitaciones, 1920.
La traducción al español es mía.
Gracias a la Academia de Poetas Americanos.


From Brooklyn

Along the shore
A black net of branches
Tangles the pulpy yellow lamps.
The shell-colored sky is lustrous with the fading sun.
Across the river Manhattan floats—
Dim gardens of fire—
And rushing invisible toward me through the fog,
A hurricane of faces.


Evelyn Scott. Precipitations, 1920.
Translation to spanish is mine.
Thanks to Academy of American Poets.

El arte es largo

Sabe esperar, aguarda que la marea fluya
—así en la costa un barco— sin que al partir te inquiete.
Todo el que aguarda sabe que la victoria es suya;
porque la vida es larga y el arte es un juguete.
Y si la vida es corta
y no llega la mar a tu galera,
aguarda sin partir y siempre espera,
que el arte es largo y, además, no importa.

Antonio Machado. Proverbios y cantares.
La obra de Antonio Machado pertenece al dominio público.

Pintura: El bardo negro de Jean-Léon Gérôme

Imagen entre la realidad y el sueño

Entre la realidad y el sueño

Cuando el artista polaco Tadeusz Makowski pintó este paisaje marino la fotografía en color aún no existía, excepto en un modo experimental. Cualquier artista, el pintor, tenia entonces —esta obra es de 1910— un extraordinario poder para trasladar, gracias a su talento, la imagen del mundo a sus coétaneos.

Pero hay un desfase temporal entre la realidad y su representación. Cuando el artista ha acabado de pintar, el objeto de su observación, sus colores, sus formas, han cambiado. Más aún si es un paisaje del mar o una breve mancha de sol que se esconde tras una nube como es el caso.

Nosotros, el público, solo vemos el resultado final, el paisaje acabado. Mediante un acto de fé creemos que lo que el artista nos cuenta es la verdad, lo que él ha visto. Los más críticos concederan que su visión no es totalmente objetiva, que está tamizada por su formación, por sus creencias, por la sagacidad de su mirada, por… Pero no le restarán el estatuto de representación de lo real.

Tecnología y arte

Con la fotografía y las posibilidades que brinda al artista poder representar la realidad tal y cual ha sido tomada en el instante del disparo fotográfico, podríamos pensar que la subjetividad desaparece.

Pero no, el artista aún puede, por ejemplo, poner o quitar de aquí o allá, al trasladar la imagen fotográfica al cuadro, para que la representación se ajuste a su peculiar modo de sentir y expresar lo que ve. Es decir, sigue siendo subjetiva. Y nuestra mirada sigue siendo un acto de fe en su honestidad.

Si damos un paso más allá, ahora que un ordenador programado con cierta inteligencia artificial puede pintar un cuadro, la subjetividad humana ¿ha sido sustituida por la subjetividad de la máquina? No, aún no, aún es un programa hecho por humanos quien pinta.

Pero podría darse en un futuro no muy lejano ese hecho: una máquina, un robot, pintando la realidad según su propia subjetividad cibernética, si es que el concepto es realmente posible. ¿Seguiremos entonces, nosotros, el público creyendo que la máquina ha sido fiel a la realidad, seguiremos realizando nuestro acto de fe en el artista?

Wheatfield under thunderclouds by Vincent Van Gogh (Google Art Project)

El sueño y la máquina

Hace cien años, en plena irrupción de los ismos en el mundo del arte, la representación onírica de la realidad fue ocupando más y más espacio en las formas de expresión artística. Uno observa un cuadro de Van Gogh y cree estar viendo un sueño. Y esa impresión es mayor aún con otras tendencias como el surealismo, el expresionismo o el arte abstracto en general. Tendencias que siguen siendo plenamente válidas hoy en la obra de muchos artistas.

Como público, podemos aceptar que lo que estamos viendo en la obra de arte no es la realidad sino tan solo el sueño del autor, lo que este ha soñado (lo cual no deja de ser también realidad, aunque sea sólo accesible y transmisible por una única persona).

Pero ¿una máquina también sueña?. El escritor estadounidense Philip K.Dick tituló una de sus más famosas novelas con esta pregunta ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? Probablemente conozcan la historia porque fue llevada al cine bajo el título de Blade Runner.

La novela y la película cuestionan profundamente nuestro concepto del “otro”. Y es llamativo que un planteamiento así se publicara en 1968, hace ya más de medio siglo. Pero también esa es una de las funciones del arte, y la literatura también lo es: tantear las fronteras de lo real, expandir sus posibilidades.

Y los artistas, a menudo sueñan lo que no existe, el futuro o las posibilidades del futuro. Tal vez esa sea una de las razones por las que nos gusta el arte: no solo por ver reflejado nuestro mundo en él, sino porque nos invita a soñarlo de otra manera. A veces paraíso, a veces pesadilla. Como la vida real.