Picnic bajo los cerezos

La barca se deja ir hasta descansar 
bajo las ramas que cuelgan sobre el agua.

Apenas se oye el temblor de unas cuerdas,
la cañavera, murmullos de una flauta,
el suave suspiro del viento entre las sedas.

Todo está mezclado
con la brisa que trae de lejos
ligeros pétalos de la flor del cerezo,
como una risa que tintinea y baila
donde la luz es sol.

John Gould Fletcher. Estampas japonesas.
La traducción es mía
Image of green pines castle by Takeuchi Seihō
Green pines castle by Takeuchi Seihō
A picnic under the cherry trees

The boat drifts to rest
Under the outward spraying branches.

There is faint sound of quavering strings,
The reedy murmurs of a flute,
The soft sigh of the wind through silken garments;

All these are mingled
With the breeze that drifts away,
Filled with thin petals of cherry blossom,
Like tinkling laughter dancing away in sunlight.

John Gould Fletcher. Japanese prints.
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Wilde

Marine painting by Courbet
Soleil couchant, Marine by Gustave Courbet, 1860s (Spencer Museum of Art)

It is the spectator, and not life, that art really mirrors.

Oscar Wilde. The picture of Dorian Gray.


Es al espectador, y no a la vida, a quien refleja realmente el arte.

Oscar Wilde. El retrato de Dorian Gray.

Cuentos del sur

Un relato corto es una invitación a imaginar desenlaces. O también puede ser una cata de una realidad determinada, como quien prueba un trocito de pastel para saber cómo está la tarta. En todo caso, el cuento es un pequeño ser perfecto que en su brevedad secuestra la conciencia lectora y la sumerge en el mundo de sus personajes.

Los que escribió la autora estadounidense Carson McCullers responden a ambas características: o bien catan una determinada situación cotidiana de personajes que calcan la vida real o bien sugieren un abanico de desenlaces que la autora escamotea dejando abiertas las puertas para que el lector elija a su gusto la densidad de las sombras.

Es verdad que en la mayor parte de ellos el amor, el desamor, son el tema principal, el asunto central que impulsaba el afán escritor de la autora; el amor desde diferentes aproximaciones y situaciones, desde la pareja hasta los diferentes miembros de la familia. Y en esta temática, el relato que más me gustó se titula Un árbol. Una roca. Una nube.

Este cuento no es precisamente una cata, sino más bien una invitación a soñar posibilidades, una historia que calla más de lo que dice, y en estas ocasiones, cuando el lenguaje se usa con maestría, la imaginación lectora se dispara en todas direcciones, todas ellas guiadas por la propia experiencia vital del lector. Es una historia triste, una historia de amor fracasado, capaz de encoger cualquier corazón vivo.

Imagen de la versión teatral de Frankie y la boda
Los actores Ethel Waters, Julie Harris y Brandon De Wilde en la representación teatral de Frankie y la boda. Foto: Alfredo Valente

En varios de los relatos de la autora sureña está muy presente la música, bien porque sus personajes aprenden o enseñan a tocar un instrumento musical — Poldi, El patio de la calle ochenta, zona oeste, Wunderkind, Madame Zilensky y el rey de Finlandia— o porque la música es un acompañamiento sonoro necesario al relato —El arte y el señor Mahoney, Transeúnte.

No es usual encontrar la música representada en la literatura. Es un arte difícil de describir con palabras. La música se siente, emociona, se escucha, pero es complicado imaginarla desde un lenguaje que usa otros signos de representación. El resultado, siempre condenado al fracaso si pretende hacer una descripción realista, es un hallazgo porque la autora crea una imagen hermosa aunque irreal del arte musical.

Un dato curioso es la afirmación que hizo en su día McCullers —lo recoge Rodrigo Fresán en las notas que acompañan a la edición de sus cuentos completos en Seix Barral— sobre la importancia que la obra de Marcel Proust tuvo para ella. Curioso porque uno de los pasajes más famosos de En busca del tiempo perdido del autor francés es la detallada descripción de la sonata de Vinteuil y de los efectos que produce en la vida del narrador.

Portada de la edición española de los cuentos de Carson McCullers

Y puesto que hay amor, desamor, y música, es inevitable que en sus relatos haya más melancolía que felicidad. Posiblemente influyó en ello el sufrimiento vital de la autora, que tuvo que padecer a lo largo de su corta vida —murió con 51 años— una sucesión de enfermedades y espisodios vitales desagradables que desgastarían cualquier carácter y cualquier físico por fuerte y resistente que sea.

Esa melancolía, o tristeza, se nota mucho en algunos relatos que tienen como tema principal el viaje como huida, y el regreso, como por ejemplo en Los extranjeros, Sin título y El transeúnte.

O en el devastador ¿Quién ha visto el viento? en el que narra la autodestrucción de un novelista que se ha quedado en blanco, incapaz de escribir nada después de haber triunfado con su primera novela y fracasado con la segunda. Un relato esclarecedor sobre la influencia de las expectativas en el caracter y realización del ser humano.

Si la vida hubiera sido amable con ella, la autora nos habría dejado más muestras de su excelente escritura. Sus cuentos completos, todos los cuentos que escribió, tan solo son diecinueve. Sus novelas cortas tienen títulos tan sugerentes como El corazón es un cazador solitario, Reflejos en un ojo dorado, Frankie y la boda o La balada del café triste.

Etiquetada dentro del “Gótico sureño” con autores como Faulkner o Capote, McCullers es un buen ejemplo de que no es necesario tener una obra extensa para ganarse el aprecio de los lectores. Un aprecio que su obra merece sobradamente. Léanla.

El amor es una obra de arte

Painting "In bed" by Toulouse Lautrec
Pintura: En la cama, obra de Toulouse-Lautrec (1893), Museo d’Orsay, Paris.

Allí estaba, sentada, mirando callada el cuadro. En invierno hay más silencio. Menos gente los martes. Hace frío pero ella no parece notarlo. Mira sonriendo la pintura. No todos los días sonríe, pero es normal.

Todos los martes de invierno se sienta en el mismo lugar, a solas, a mirar una obra de arte que representa a dos mujeres que se aman.

Se ha acostumbrado a estas visitas invernales. Antes venían las dos juntas. Pero hace años que ella ya no la acompaña. Dos manos unidas bajo la visión blanca de las sábanas.

No vengas a traerme flores, le había dicho la última vez que se besaron.

Por eso visita esta galería en el Museo d’Orsay de Paris. La mirada tierna que miraban. A ella le habría gustado así.

Canción de la mañana

Un diamante en la mañana
me despertó con su primera luz;
el amanecer había disuelto las estrellas
y dibujado una tenue luna blanca.

Blanca luna huidiza,
como yo, errante por el mundo.

Solo los solitarios son libres.


Sara Teasdale. Llama y sombra (1920)
La traducción es mía
Imagen de la luna por la mañana
Picture: Leopold Kamp
Morning song

A diamond of a morning
Waked me an hour too soon;
Dawn had taken in the stars
And left the faint white moon.

O white moon, you are lonely,
It is the same with me,
But we have the world to roam over,
Only the lonely are free.


Sara Teasdale. Flame and shadow (1920)