La palabra de Ella Wheeler Wilcox

Una palabra es una gema, o una piedra, o una canción,
O una llama, o una espada de doble filo;
O una rosa que florece, o un dulce perfume
O una gota de hiel es una palabra.

Puedes escoger tu palabra con conocimiento,
Y pulirla con arte,
Pero la palabra que convence, y remueve, y permanece
Es la palabra que viene del corazón.

Puedes esforzarte en tu palabra un millar de semanas,
Pero no brillara como aquella
Completamente inesperada, que salta encendida en lo sucesivo
cuando manan las fuentes de la emoción.

Ella Wheeler Wilcox. New thought Pastels (1906)
La traducción es mía.


Oh, a word is a gem, or a stone, or a song,
Or a flame, or a two-edged sword;
Or a rose in bloom, or a sweet perfume,
Or a drop of gall is a word.

You may choose your word like a connoisseur,
And polish it up with art,
But the word that sways, and stirs, and stays,
Is the word that comes from the heart.

You may work on your word a thousand weeks,
But it will not glow like one
That all unsought, leaps forth white hot,
When the fountains of feeling run.

 Ella Wheeler Wilcox. New thought Pastels (1906)

I found out this poem on Academy of American Poets.

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De cómo viven los libros

Dejé de comprar libros por avaricia. Me explico: creo que no hay nada peor que un lector avaricioso, un lector ávido de una nueva lectura antes de acabar la que tiene entre manos. No disfrutará de ningún libro. Nunca jamás. La ansiedad le devorará el corazón y los recuerdos.

En mi caso además suponía un pequeño quebranto económico. Ese afán por comprar y acumular libros en los estantes sin llegar a leer nunca más allá de picotear algunas páginas sueltas. Sólo leía los libros que tomaba prestados de la biblioteca pública, con alguna que otra excepción. Hasta que mi bolsillo dijo basta.

A lo largo de los años acumulé una biblioteca modesta. Siempre con la esperanza de que, entre los ejemplares que sí he llegado a leer, hubiera escogido libros que guardasen su incalculable valor en secreto. No me refiero a un valor económico, sino a ese tipo de valor que cada persona encuentra en una narración o en unos poemas que parecen expresamente escritos para ella.

Bookstore by Tuur Tisseghem
Photo by Tuur  Tisseghem from Pexels

Es como si hubiera sembrado lecturas para momentos concretos del futuro. A veces me acerco a algún ejemplar, lo empiezo a leer con la esperanza de que me enganche. Y no, no lo hace, o yo soy incapaz de embarcarme en esa aventura, así que lo devuelvo a su estante. No es raro que haya empezado un libro en dos o tres ocasiones hasta que un día me atrapa.

Hay algo de misterio en esa relación de atracción y rechazo hacia mis libros. Se sustenta en la locura de pensar que están de algún modo vivos. Es una locura porque todo el mundo sabe que un libro es un objeto inanimado e inerte. Pero es inevitable pensar que si miles de caracteres escritos en sus páginas tienen el poder de revivir situaciones y personas en el plano de la imaginación ¿no estamos otorgándoles parte de nuestra propia existencia?.

Y cabe preguntarse también qué extraña coincidencia de sentimientos y estados de ánimo hacen posible que durante unas horas o unos días se encadenen con tanta fuerza esas palabras y el alma de quien las lee. Y por qué ocurre en un determinado momento y no en otro. Y cómo el mundo ha cambiado cuando llegamos al final.

Supongo que con los años he aprendido a comportarme con los libros como realmente se merecen, concediendo a cada uno el tiempo y la serenidad necesarias para divertirme, para  emocionarme, para reir y para llorar con ellos. Y creo que esto se llama respeto.

 

Mojarrillas de tinta azul

La primera persona de renombre a la que entrevisté en mi vida, cuando aún era estudiante de periodismo, fue al escritor gaditano Fernando Quiñones. Me recomendó que lo hiciera el periodista José Antonio López, entonces estudiante también como yo de periodismo. Recuerdo haberme colado en su casa de la Dehesa de la Villa en Madrid aquel 25 de abril de 1989 sin avisar, a traición, a primera hora de la mañana, interrumpiendo con alevosía inesperada lo que hubiera estado haciendo el autor de “La canción del pirata” en aquel momento. Sorprendido ante aquel desconocido jovenzuelo que era yo, al decirle de dónde era y el motivo de aquella visita, me abrió sin reparos las puertas de su casa y pude hacer el reportaje.

Hablamos largo rato de literatura y de Cádiz y al acabar la conversación, antes de marcharme, me regaló un ejemplar de uno de sus libros, una antología de relatos cortos titulada “Nos han dejado solos” que dedicó de puño y letra con un dibujo de su famosa mojarrilla caletera.

Nos han dejado solos

Por encima de cualquier otro detalle me impresionó la hospitalidad y la amabilidad de aquel hombre, reforzada con un espíritu socarrón que provocaba al mismo tiempo la sonrisa y el respeto. Luego, con los años, tuve ocasión de hablar con él varias veces cuando trabajaba como corresponsal de la Agencia EFE en Cádiz. Hablábamos si publicaba algún nuevo libro, cuando llegaba la muestra de cine “Alcances” o por cualquier otra razón relacionada con la literatura o con la ciudad. Siempre me atendió con la amabilidad y hospitalidad de aquella primera vez.

Escribo esto hoy, cuando hubiera cumplido 88 años si no nos hubiera dejado hace ya veinte. Para mí, y supongo que para tanta gente que le conoció, recordarle es sentir al mismo tiempo un tanto de tristeza y otro tanto de alegría. Esa alegría la encuentro a menudo cuando leo sus libros, sus poemas en especial, tan propios y originales, tan diferentes a lo que se escribe ahora y , aún así, tan frescos como recién traídos del mar. Esa alegría, ese optimismo socarrón que transmiten sus libros, eso sí que es el auténtico regalo, esa parte de él que aún nos queda.

10º aniversario

Hoy hace diez años que empecé a escribir éste blog personal y estoy bastante satisfecho de lo que he aprendido hasta la fecha. Me gusta la plataforma wordpress y la comunidad que trabaja sobre éste soporte.
Anteriormente había publicado con blogspot y por ahí colea aún ese trabajo, en el almacén de páginas olvidadas de internet.
Mi blog actual está fresco como una mañana y yo tan contento de seguir con él como un perro con dos rabos.🙂
Así que, ¡a por mi segunda década!10º Aniversario blog

Adiós, Enero

Adiós Enero
Foto: © Santiago Pérez Malvido

 

Adiós, Enero
atrás queda el sabor azul de tu tristeza
la madreperla limpia de barro y salivas
que mi boca pulió para despedirte.
Habré de acunar tu luz de las seis
como se agita la tinta de los peces
y en el hueco cristal del agua
diluir la tarde y sus espinas.
Adiós, amigo
aún serás más invierno en mis ojos
cuando el sol te gane otra batalla
con su brillo de oro y minifaldas.
Dejo atrás la nostalgia de tus días
la blanca palidez de tu muerte
y el agrio sopor de tu cansancio.
Esta vida se rebela contra ti.