Los mágicos cristales del sueño

Desgarrada la nube; el arco iris
brillando ya en el cielo,
y en un fanal de lluvia
y sol el campo envuelto.

Desperté. ¿Quién enturbia
los mágicos cristales de mi sueño?
Mi corazón latía
atónito y disperso.

… ¡El limonar florido,
el cipresal del huerto,
el prado verde, el sol, el agua, el iris…
¡el agua en tus cabellos!…

Y todo en la memoria se perdía
como una pompa de jabón al viento.


Antonio Machado. Poesías completas (1917)

La organización Proyecto Gutenberg es la biblioteca digital más grande y más antigua del mundo. Desde 1971 se dedica a digitalizar libros libres de derechos de autor y los cuelga online a disposición de los lectores, de forma gratuita.

Todos los días cuelgan libros nuevos, en varios idiomas, también en español. Hoy por ejemplo han puesto por vez primera en su web esta edición de Poesías Completas de Antonio Machado. Se trata de una publicación de 1917 de la Residencia de Estudiantes de Madrid, hecha en un año en el que el poeta sevillano, tras la muerte de su primera esposa, trataba de restablecer su vida en Baeza (Jaén).

Este poema me gusta por sí mismo, pero también por la versión que hizo el cantante Hilario Camacho. El verso los mágicos cristales de mi sueño no encajaba del todo con el ritmo de la canción e Hilario lo recortó en un simple mi sueño.

Un verso que quedó atrapado para siempre en la elipsis de mi tiempo.

Voces del aire

Y entonces llega ese raro momento
cuando, por una razón desconocida,
las pequeñas voces del aire
suenan sobre todo el mar y el viento.

El viento y el mar entonces obedecen
y musitan, suspiran las notas dobles
contrabajos, conformes con tocar
un acorde zumbido para las pequeñas gargantas—

Diminutas gargantas que cantan y se elevan
en la luz con adorable levedad
y un mágico matiz, la dulce sorpresa
de oírse y reconocerse en su afán—

Para estas pequeñas voces: la abeja, la mosca
el tic-tac de una hoja, la vaina que se abre
la brisa acariciando la hierba que se inclina
los veloces agudos del insecto.

Katherine Mansfield. Poemas (1923)
La traducción al español es mía.


Voices of the air

But then there comes that moment rare
When, for no cause that I can find,
The little voices of the air
Sound above all the sea and wind.

The sea and wind do then obey
And sighing, sighing double notes
Of double basses, content to play
A droning chord for the little throats—

The little throats that sing and rise
Up into the light with lovely ease
And a kind of magical, sweet surprise
To hear and know themselves for these—

For these little voices: the bee, the fly,
The leaf that taps, the pod that breaks,
The breeze on the grass-tops bending by,
The shrill quick sound that the insect makes.


Katherine Mansfield. Poems (1923)
Traslation to spanish is mine

Image of New York City harbour and skyline at night

Desde Brooklyn

Punteando la orilla
una negra red de ramas
enreda las burdas lámparas cobrizas.
El cielo se diluye en un sol púrpura.
Manhattan, más allá del río, parece flotar—
pálidos jardines de fuego—
Invisible, a través de la niebla,
se abalanza sobre mí
Un huracán de rostros.


Evelyn Scott. Precipitaciones, 1920.
La traducción al español es mía.
Gracias a la Academia de Poetas Americanos.


From Brooklyn

Along the shore
A black net of branches
Tangles the pulpy yellow lamps.
The shell-colored sky is lustrous with the fading sun.
Across the river Manhattan floats—
Dim gardens of fire—
And rushing invisible toward me through the fog,
A hurricane of faces.


Evelyn Scott. Precipitations, 1920.
Translation to spanish is mine.
Thanks to Academy of American Poets.

Imagen del sueño y el cuadro

El sueño se comió al cuadro

Y el sueño, poco a poco, se fue comiendo el cuadro.
Girándolo.
Jugándolo a ser piruleta.
Difuminando el dibujo en las fronteras del papel.
Intentando recordar la imagen perdida,
nunca recobrada, el pliegue del tiempo
donde se esconden tus ojos
justo aquí, sentada en la arena, y a lo lejos
esos puntos diminutos en la distancia del agua
seres que se alejan poco a poco
como los segundos en un viejo reloj.

(Varengeville beach / Pierre-Auguste Renoir)

Un poema de mi archivo

Buscó en las calles desiertas
en las cantinas de Quauhnahuac
un hueco vacío, un tapiz brumoso
donde ocultar el hueso de la memoria
su rocío helado, su roída quimera

Con cada trago arrojó al pozo ardiente,
al desnudo volcán
una prenda de Yvonne
ofrenda inútil al fuego
en el altar blanco del Popocatepetl

Despeñó en cada vaso un recuerdo
hasta tocar fondo

En el barranco sin fin se deshizo
su cuerpo de barro

Y su magmática cabeza de cónsul
floreció como la cuna de un dios
muerto


(Bajo el volcán)
Dibujo: Volcano de Mikuláš Galanda